Mientras los líderes musulmanes pretenden borrar toda memoria de los templos judíos en el Monte del Templo en Jerusalén, los eruditos respetables islámicos están señalando de que el Islam original (siglo VII) no tenía ningún problema en darle homenaje al Haram el-Sharif (el Monte Noble) como el sitio de los templos judíos. Sin embargo la verdadera noticia es: ¿durante cuánto tiempo persistió esta afirmación, qué tan recientemente se destruyó y cuánta historia islámica está siendo dañada por sus propios maestros profesos?

Parte de esa historia se encuentra en Nuba, un pueblo palestino cerca de Hebrón. Los arqueólogos israelíes en el proyecto de filtraje en el Monte del Templo (TMSP en inglés) han publicado recientemente una traducción y un análisis de una inscripción de hace 1000 años incrustada en la pared de la mezquita Al-Omary de Nuba. La inscripción dice en parte:

"Este territorio de Nuba y todos sus límites y su área entera, es una donación a la Roca de Bayt al-Maqdis y a la mezquita de al-Aqsa, ya que fue dedicada por el comandante de lo Fieles: Umar iben al-Khattab..."

Esta declaración, atribuida al califa que gobernó alrededor del año 640 D.C. pero su escritura está fechada en el siglo X, de repente ha puesto a este pueblo de menos de 5000 habitantes sobre el radar de los medios de comunicación globales. La razón no es la edad del texto sino su mensaje, que desafía la versión de la historia islámica promovida actualmente por los imanes, la ONU y los medios irracionales alrededor del mundo.

La primera sorpresa es que la mezquita de al-Aqsa permanece en un segundo plano a otro edificio con un nombre desconocido, que no fue traducido: Bayt al-Maqdis. Además, esta primera estructura no se llama una "mezquita" a diferencia de la Masjid al-Aqsa, es una "casa" (Bayt). La casa albergó una "Roca", y es la Roca (no la estructura) la que recibió la facturación superior en esta dedicación musulmana reverente.

Los arqueólogos del proyecto TMSP dan la clave del acertijo al citar fuentes contemporáneas islámicas que declaraban:"La roca que se encuentra en Bayt al-Maqdis es el centro del universo entero." Además, su análisis de la inscripción de Nuba (en hebreo solamente, página 60) observa que la palabra árabe para "Roca" aquí fue escrita de una manera inusual. Lleva a la conclusión de que las tradiciones judías antiguas (Talmud Babilónico, Yoma 53b) con respecto a esta Roca fueron aceptadas y honradas por los musulmanes devotos: que de ello fue creado el mundo, que estaba encerrado en el lugar santísimo de los templos judíos, y que en el primer Templo fue el lugar de descanso para el Arca Santa.

Esta creencia antigua tiene mucho más sentido que la narrativa moderna islámica, que afirma que la Roca es santa porque Mahoma ascendió desde ella al cielo. Esta afirmación se basa en la referencia de "al-Aqsa" en el "viaje nocturno" del Corán ("al-Aqsa" significa la mezquita "más remota"). Aún así no hay ningún intento por explicar por qué la "Mezquita de al-Aqsa" es un edificio separado a unos 200 metros de distancia, contra la pared sur de la plaza. Además, los eruditos concuerdan que el "viaje nocturno" del Corán circulaba antes de que HUBIESE ninguna mezquita en Jerusalén, lo cual elimina el Templo del Monte como el lugar de su ubicación. Pero la contradicción histórica revela por qué se confunde la Masjid al-Aqsa con la Qubbat al-Sakhra, la Cúpula de la Roca. La distinción entre las dos se explica habitualmente en las guías turísticas, pero ya que los medios occidentales ignorantes continuamente llaman la Cúpula de la Roca "la mezquita de al-Aqsa", la mayoría de los observadores podrán pensar que el hito de techo de oro tiene dos nombres alternativos.

La diferencia, sin embargo, va más allá de sólo los nombres. La Cúpula de la Roca no se utiliza para las oraciones musulmanas, excepto de vez en cuando por las mujeres. De hecho, los musulmanes no solo oran fuera de ella, sino que lo hacen hacia la Meca ¡dándole la espalda a la Cúpula! La mezquita de al-Aqsa, donde miles se reúnen para orar y escuchar sermones, no tiene ninguna conexión histórica ni santidad especial. A veces la mezquita se ha usado incluso para guardar rocas y tierra para tirarle a los israelíes.

Resulta menos comprensible entender por qué los medios de comunicación islámicos, que sin duda conocen mejor, también llaman la Cúpula de la Roca "la mezquita de al-Aqsa". La clave está en ver que tan a menudo se transforma el nombre a "recinto de al-Aqsa", refiriéndose a la plaza entera. Por lo tanto aprendemos de que el uso palestino de "al-Aqsa" al nombrar grupos terroristas y provocar incitación contra los judíos, acompañado por imágenes de la mezquita "incorrecta", no es un error; ellos creen en llamar toda la montaña "la mezquita de al-Aqsa ". No es de extrañar que los musulmanes corrientes están confundidos.

El tercer golpe y el más curioso a las sensibilidades musulmanas es que la inscripción de hace 1000 años ni siquiera llama esta famosa mezquita (que no es una mezquita) la "Cúpula de la Roca".  En lugar de Qubbat al-Sakhra, encontramos Bayt al-Maqdis, un nombre que hace un eco muy parecido al hebreo: Beit Ha-Mikdash. En los dos idiomas, esto se traduce como: "la Casa del Santuario", es decir el Templo dedicado al Dios de Israel, construido y reconstruido por los judíos durante un período que abarca unos 1000 años. La conexión judía es directa y sencilla. La Fundación del Patrimonio del Monte del Templo (Temple Mount Heritage Foundation en inglés) cita una fuente musulmana del año 1351 que cuenta que Umar redescubrió la Roca Santa en las ruinas en el monte Moriah con la guía de un judío convertido al Islam. Encima levantó un refugio para los peregrinos, y del año 685 al 691 el califa Ummayad Abd al-Malik gastó una fortuna para construir el santuario en forma de octágono y con cúpula, y embellecer este sitio tan venerado por los judíos. ¿Podría ser el Islam más sionista que esto? ¡Siga leyendo!

Según el comunicado de prensa del proyecto TMSP, los primeros musulmanes estaban tan asombrados por la reputación del Monte del Temple que enseñaban lo siguiente: "cualquiera que venga a Bayt al-Maqdis sólo por orar dentro, es limpiado de todos sus pecados." Esa declaración de alguna manera es una respuesta a la oración ofrecida por Salomón en la dedicación de esa primera Casa:

Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre (pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa, tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.

(1 Reyes 8:41-43)

Incluso algunos han teorizado de que el Bayt fue construido por Abd el-Malik como un templo judío restaurado. La literatura musulmana registra que los judíos fueron los encargados del mantenimiento del santuario, así como ofrecer incienso y hacer vasos (ver Pamela Berger, The Crescent on the Temple: The Dome of the Rock as Image of the Ancient Jewish Sanctuary).

Sorprendentemente, el Monte del Templo fue consistentemente identificado en el Islam como un sitio judío en los siglos subsiguientes, incluyendo el siglo XX mientras que Jerusalén estaba bajo el gobierno británico y jordano. Incluso el infame Haj Amin al-Husseini, amigo de Hitler y enemigo acérrimo de los judíos, permitió que su Consejo Musulmán Supremo emitiera una guía del visitante al Monte del Templo, la cual afirmaba de que "su identidad con la del sitio del templo de Salomón se puede afirmar con toda certeza. Este también es el lugar, según la creencia universal, en que 'David edificó allí un altar a Jehová y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz.'" (“A Brief Guide to Al Haram Al Sharif“, 1925, p.4) El origen de una estructura más pequeña en el Monte, conocida como la Cúpula de la Cadena, fue atribuida al rey Salomón de Israel también (p.10); y la conexión entre el segundo Templo y los establos de Salomón (debajo de la superficie del sureste del Monte) está respaldado por citas del historiador judío del primer siglo: Josefo (p.16). Esta historia fue dada por hecho por el alcalde del Este (jordano) de Jerusalén, Aref el-Aref, un nacionalista palestino cuyo libro Una Historia Detallada de Jerusalén (A Detailed History of Jerusalem en inglés) declaró en 1961 de que los restos del Templo judío estaban debajo de la mezquita de al-Aqsa.

¿Entonces cuándo fue lanzada a la basura esta larga y sensata historia islámica y qué musulmanes lo hicieron? Entre los investigadores que han denominado el fenómeno "La Negación del Templo", se proponen varias respuestas: la década de 1930, cuando Haj Amin comenzó a usar el Monte como un arma política; en 1973, cuando el rey saudí Faisal negó toda presencia judía en Jerusalén; en el año 2000, cuando el líder de la OLP, Yasser Arafat, presentó la negación del Templo en las negociaciones de paz; o un deterioro gradual durante los últimos 10 años, impulsado por varios líderes islámicos nombrados por la AP. En todo caso, los medios debidamente informan que hoy la "certeza histórica resulta ilusoria", cuando se trata de la historia judía en el Monte del Templo.

Las implicaciones de este breve resumen histórico están llenos de ironía. Cuando la UNESCO votó para separar el Monte del Templo de la historia judía, esa entidad global consiguió también decapitar la historia islámica. El hecho de que los marionetistas detrás de la desfiguración occidental del Islam son los líderes del mundo musulmán, y que la voz que intenta restaurar la herencia islámica perdida es una voz judía, hace que la historia sea aún más extraña.

¿Quién ganará y quién perderá en el enfrentamiento del Monte del Templo? Si los islamistas siguen promoviendo una "narrativa" destructiva acerca del Monte del Templo por encima de su historia real, sólo para molestar a los judíos, los mayores perdedores serán los musulmanes.

“Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados”. (Zacarías 12:3)