Sentados al aire libre en la Primera Estación de Jerusalén, un lugar de encuentro que está de moda rodeado de restaurantes y un sendero para correr, Marike Veldman bebía su café a sorbos, relajada y deseosa de compartir su viaje durante el pasado año.

Es todo un milagro que Veldman, de 70 años, estaba ahí sentada, viva y ya no estaba traumatizada de estar en lugares públicos. Un año después de casi haber muerto en un ataque terrorista, la historia de Veldman es una de perdón y esperanza que la impulsó a salir de un hoyo de temor y desespero.

“Dios es tan profundamente bueno que no tengo palabras para expresarlo,” dijo Veldman a KNI en una entrevista. “Cada día estoy tan agradecida que estoy viva. He vuelto a la vida normal y también estoy tan agradecida que estoy sana.”

El 13 de octubre 2015, Veldman fue severamente lesionada en el ataque del bus 78 en Jerusalén. Estaba sentada en frente de dos hombres jóvenes que a los minutos de ella haberse subido al bus gritaron: “Allahu akbar” y embarcaron en una matanza.

Uno estaba armado con un cuchillo y otro con una pistola. Tres hombres fueron asesinados en el ataque y varias personas heridas. Veldman fue la primera víctima, acuchillada seis veces: en su hombro, brazo derecho, mano y aún en su pecho.

“Clamé el nombre de Jesús en holandés. Estaba diciendo su nombre una y otra vez; siento que eso me salvó,” dijo. “El agresor me dejó después de eso.”

[caption id="attachment_23924" align="alignright" width="400"]New York City Mayor Bill de Blasio (L) and Jerusalem Mayor Nir Barkat (2L) visit Marike Veldman who was injured at last week terror attack in Armon Hanatsiv neighborhood, at the Hadassah Medical Center in Jerusalem on October 17, 2015. (Photo by Yonatan Sindel/Flash90) El alcalde de la ciudad de Nueva York Bill de Blasio (izda.) y el alcalde de Jerusalén Nir Barak (2º izda.) visitan a Marike Veldman en el centro médico de Hadassah en Jerusalén el 17 de octubre de 2015. (Fotografía por Yonatan Sindel/Flash90)[/caption]

Veldman escapó del bus y tambaleó por medio kilómetro, sintiéndose débil y perdiendo sangre, hasta que un conductor que pasaba por ahí la recogió y llamó a una ambulancia.

El ataque en el bus 78 vino al comienzo de lo que se ha llamado la intifada del lobo solitario, un aumento en acuchillamientos, tiroteos y ataques vehiculares y con piedras que arrasaron en todas las partes de la nación.

En una entrevista una semana después del ataque, Veldman hablaba en tonos graves, atormentada por las memorias recientes de terror, pero consciente de su escape milagroso. Ahora, un año después, la cristiana holandesa está llena de vitalidad. Ninguna sombra del momento oscuro nubla su forma de ser. Aunque sus cicatrices físicas siguen ahí, las cicatrices emocionales de Veldman están llegando a ser sanadas.

“Siento de verdad que ya pasó,” dice Veldman. “Ya no me molesta.”

Veldman, una enfermera de profesión, vino a Israel en 1977 como voluntaria en el hospital Hadassah Mount Scopus y luego en un orfanato en Ramallah. Después llegó a ser una madre adoptiva oficial en el estado de Israel y pasó 31 años criando a niños árabes de trasfondos musulmanes y cristianos en Jerusalén. Veldman cuidó 20 niños en ese tiempo, la mayoría son ahora adultos y siguen cercanos a ella y la llaman “mamá”.

Sin embargo, después del ataque, Veldman le tenía miedo a los árabes, especialmente a los hombres. En un intercambio conmovedor en el hospital, una de sus hijas adoptivas le preguntó: “Mamá, ¿ahora nos odias?¿Odias a los árabes?”

“No se me había ocurrido odiarles; ni siquiera al hombre que me acuchilló,” respondió Veldman.

Sin embargo, el temor la paralizó esos primeros meses después del ataque.

“No salía de casa sola,” recuerda. “Al principio, mis hijos y mis vecinos me ayudaron ir a todas mis citas con doctores, terapeutas, trabajadores sociales. Si tocaban yo no le abría la puerta a nadie.”

Algo que ella hizo para ayudarse con su recuperación emocional fue escribir algunos versículos importantes y llevarlos en su bolso.

“Cuando sentía temor o pánico, me paraba en las calles, o donde fuera que estuviera, y leía un versículo,” dice Veldman. “Así era que me calmaba. Es la Palabra de Dios que sana. Él siempre hace lo que dice.”

“No temas, porque yo estoy contigo.” Isaías 41:10; “No moriré, sino que viviré…” Salmos 118:17; “El Señor…los protegerá del maligno.” 2 Tesalonicenses 3:3; “Jehová guardará tu salida y tu entrada.” Salmos 121:8; “Pues a sus ángeles mandará…que te guarden en todos tus caminos.” Salmos 91:11

Veldman también sintió el poder sanador del perdón.

“Dios inmediatamente me dijo que perdonara al hombre que quiso matarme,” dijo. “Perdonar a la persona que te quiso matar no es un trabajo fácil.”

“Es una elección y yo escogí hacerlo. El momento que lo dije en voz alta, una paz llenó mi corazón y creo que esa es la gracia de Dios, la paz que sobrepasa todo entendimiento,” dijo Veldman. “El perdón es uno de los aspectos de la sanidad: si no perdonas afectará al cuerpo y también a la mente; creo que por eso me sané tan rápidamente.”

Veldman ha compartido su testimonio en iglesias y congregaciones en Israel, Holanda, Suecia y los Estados Unidos, y con los medios.

“Dios lo está usando para bien,” dijo Veldman. “Me da muchas oportunidades de testificar de su bondad y como salvó mi vida.”

El hombre que acuchilló a Veldman fue condenado en julio a tres condenas perpetuas. En su condena, una de las víctimas dijo que todavía tiene temor de montarse en los autobuses. Veldman quiere que otras víctimas del terror como ella experimenten lo mismo que ella: libertad y sanidad.  Ella es prueba viva de que es posible.

“Un año después estoy de vuelta en la calle, e incluso me monté en el bus 78,” dijo Veldman. “Normalmente dejaba que el 78 pasara, pero pensé, ‘No, Dios sana y quiero tomar este bus.’”

Y se sentó en el asiento exacto que había ocupado su agresor meses antes, sin ninguna recaída emocional.

“Sus misericordias son nuevas cada mañana,” se regocijaba Veldman. “Estoy tan feliz que estoy viva. Estoy alegre de haber vuelto a la vida normal y estoy tan agradecida que estoy sana; es su bondad.”