Decidí compartir el testimonio de mi papá de cuando vivimos en el norte de Samaria. Yo era demasiado joven para entender como Dios obró a través de mi papá, Israel, ¡especialmente entre los árabes musulmanes! Dios tiene un corazón para toda la humanidad, incluyendo a los musulmanes; y mi padre fue una herramienta en Sus manos.

El testimonio de Israel:

Aprendí árabe en Rusia como un pasatiempo. En la universidad tenía un amigo del Líbano donde estudiamos medicina juntos, e hicimos un trato que yo le ayudaría con el ruso y el me enseñaría árabe.

Cuando hicimos aliá inmediatamente apliqué para tener mi licencia médica en Israel. No pasé los seis exámenes que hice, entonces no pude tener la licencia para trabajar en Israel como doctor. Estaba triste y no podía entender por qué. Luego tomé un camino distinto y llegue a ser un jardinero licenciado. Dios tenía un plan que yo no conocía entonces.

Cuando nos trasladamos al norte de Samaria cerca de Jenin (una ciudad árabe en Cisjordania), fui invitado a Jenin, a trabajar en el jardín del hospital. Esta era la primera vez que trabajaba en Jenin. Los rumores sobre el jardinero judío israelí se hicieron “virales”, y rápidamente todos en la ciudad habían escuchado de mí. No era común que los judíos trabajaran para los árabes, en general. Los rumores llegaron a los oídos de los dignatarios de la ciudad, y ellos también me invitaron a que trabajara en sus jardines, a medida que fui dado a conocer en Jenin.

Ahora, debes saber que la gente de Jenin ¡son muy especiales! Noté que toman mucho interés en lo que cree la persona delante de ellos. De manera que por lo general las primeras preguntas que me hacían eran: ‘¿De dónde eres?’, y ‘¿En qué crees?’ Esta era una pregunta muy común en Jenin. Sus preguntas me dieron oportunidades para que compartirles de mi fe. Así que comencé a hablarles de Jesús, y les dije que era judío y que creo en Jesucristo.

Estaban muy sorprendidos y preguntaban si era judío o cristiano. Yo respondía que para mí Jesús no era una religión, es la VERDAD. Mis historias de ser judío y creer en Jesús rápidamente se esparcieron por Jenin, que entonces tenía una población de 60.000, de los cuales la mayoría eran musulmanes.

Los rumores corrieron tan rápido que cuando caminaba por el centro de la ciudad, la gente me paraba y me preguntaba si creía en Jesús.

“¡Sí!” les decía.

Y ellos respondían: “¿Podrías conseguirnos un Nuevo Testamento en árabe para que nosotros podamos leer acerca de este Jesús en el que crees?”

Nunca he visto tanta sed de escuchar acerca de Jesús en ningún lugar que he visitado. Empecé ha hablar con cierta organización que era especializada en compartir el evangelio en árabe, y ellos me mandaron copias de Biblias en árabe y tratados sobre Jesús. Repartí todo lo que me mandaron a cualquiera que quería saber acerca de mi fe, incluyendo a los policías palestinos.

Recuerdo un día que estaba en mi hora de almuerzo en el trabajo, estaba comiendo en el centro de Jenin, y cuando terminé de comer un musulmán se me acercó y me preguntó: “¿De dónde eres?”

“Soy un vecino, vivo en un asentamiento cerca de Jenin,” le contesté.

“¿Y en qué crees?” continuó con la pregunta usual en Jenin.

“En Jesucristo” respondí con una sonrisa.

“Me puedes explicar ¿quién es él?” preguntó el hombre musulmán.

Empecé a explicarle a este hombre quien era Jesús, y ha medida que hablaba, noté un grupo grande de gente volviendo de hacer sus oraciones en la mezquita. Se reunieron alrededor mía para poder escucharme hablarle a este hombre acerca de Jesús.

Todo parecían muy religiosos porque llevaban una túnica musulmana especial, que indicaba su cercanía al islam. Todos se quedaron hasta que termine de hablar.

Después uno de los hombres musulmanes me preguntó: “Entonces qué dices: ¿el islam es bueno o malo?”

Esto era una pregunta difícil porque si respondía claramente mi vida estaría en peligro. Pero por el contrario, no podía decir que el islam era bueno sólo para satisfacerles. En ese momento sentí que el Espíritu Santo me habló. Abrí mi boca y dije: “El Seños Jesús dijo que cada árbol es conocido por su fruto: un buen árbol no puede dar frutos malos y un árbol malo no puede dar frutos buenos” (Lucas 6:43-44). Mi respuesta les hizo pensar profundamente y así acabó nuestra conversación ese día.

Cuando estalló la segunda intifada (septiembre del año 2.000) no pude ir más a Jenin, pero seguía orando para que Dios obrara en los corazones de las gente allí. Estoy seguro que Jesús continuará el trabajo que Él comenzó en Jenin a través mía. De hecho, hace unos años escuché que alguien de América fue llamada por el Señor a Jenin y ahora hay una iglesia. Me regocijé cuando escuché estas buenas noticias. Dios es bueno y Él está obrando en todo lugar, aún entre las comunidades a las que nadie piensa ir.